Me gusta austero y neutro por fuera. Oscuro, como el deseo, que nada deje translucir lo que oculta. Una superficie levemente agrietada, como de muchos soles. La boca anticipa con curiosidad, la lengua suave sobre los labios. Y una cuchara. Resistir el impulso de penetrar en el misterio. Sólo rozarlo, para comprobar una resistencia crujiente y frágil, seducir el centro vacilante que se intuye, lastimar despacio para descubrirlo, oscuro, brillante, y seguir hasta el fondo húmedo que ya no se resiste. La cuchara lo abre codiciosa, y la boca retiene el aliento