Carta desde Argentina
Querida Bárbara:
Hola. ¿Qué tal?. Ante todo creo que debo presentarme. Mi nombre es Pedro Güiraldes Costa e Silva. Vivo en Argentina, en una bellísima hacienda de mi propiedad que poseo en la región de La Pampa, muy cerquita de la ciudad de Santa Rosa.
Bueno, creo que antes de seguir platicando con vos debería hacerte saber cómo he conseguido tu dirección de correo electrónico, porque esta vaina del Internet es demasiado inmensa y no siempre se recuerda uno todo lo que hace en ella, ¿no es cierto?. Verás, la cosa es que yo encontré tu dirección en el Club de la Amistad de Latinmail y ví que ponía que querías conocer gente para ver si podés encontrar una pareja estable. Y como yo estoy en el mismo caso que vos, pues te escribo para ver si algo sale bien, ¿entendés?.
Como te platicaba antes, me llamo Pedro y vivo en Argentina. Tengo 36 años a mis espaldas y la mayor parte de ellos los he pasado acá en mi bello país. Pero, aunque me sienta argentino, yo soy brasileño de nacimiento. Mi madre era de allá, de los Costa e Silva del Estado de Minas Gerais en Brasil, y su familia había hecho fortuna con la industria maderera. Luego mis papás vinieron a Argentina y compraron una amplia extensión de tierra para la crianza de ganado. Yo heredé la hacienda y me siento orgulloso de poseer una de las mayores empresas cárnicas de mi provincia. Espero que vos comprendás que me siento orgulloso de mi trabajo. Yo entiendo que mucha gente no entienda cómo puede gustarme llevar los trabajos de la finca (o cortijo, como decís allá los españoles), pero a mí me encanta estar con los animales y trabajar trasquilando ovejas, ordeñando vacas o despellejando cerdos.
Tengo dos chamaquitos preciosos; el más chiquito tiene 6 añitos. La madre de los muchachitos murió hace cinco años, en un accidente cuando montaba su yegua por la hacienda. ¿Sabés que desde entonces he estado buscando una mujer adecuada para criar a los muchachos?. Seguro que comprendés que dos chiquitos no pueden criarse bien entre animales sin más educación que la que malamente les pueda dar su padre. Pero es difícil encontrar una señorita que esté dispuesta a venir acá.
Me agradaría que me contaras algo de vos lo antes posible. Quién sabe, a lo mejor cuando nos vayamos conociendo mejor te decidís a venir acá y ver la hacienda y opinar vos misma. Sabés que las puertas de mi casa están abiertas siempre para vos.
El hogar en la hacienda es muy bello. Tiene muchas habitaciones para invitados y para los empleados. También hay muchas cabezas de ganado, principalmente vacas y toros bravos (seguro que a vos os recordarán a los toros de allá en España). Tanto los empleados como yo nos levantamos muy pronto para trabajar ordeñando las vacas, acarreando el pienso. La vaina del trabajo es muy dura pero gratificante.
Bueno, a lo mejor a vos no os gusta demasiado la vida en lo rústico como es acá, pero no creás que toda la Argentina es igual, que nosotros también tenemos grandes ciudades donde podés comprar lo que se te antoje. Claro que seguro vos en España tenés otra idea de esto, como suele pasar entre países distintos. A lo mejor creés que Argentina es sólo Videla y la guerra de Las Malvinas y Carlos Ménem y Maradona. Y a lo mejor por eso no os gusta la hacienda, aunque es muy bonita y bella y hermosa.
Y si al final no venís, pues los chamacos siguen sin madre que los enseñe modales. ¡Y todo porque a vos no os gusta la vida en el campo ni os gusta Argentina!. ¡Pero que os creés, mala mujer!. ¿Pensás que sólo por ser española ya podés despreciar la vida en Argentina y mirarnos por encima del hombro?. Ya veo que sos igual que el resto de españolas. Yo tenía las esperanzas depositadas en vos y ahora me salís con que no querés venir a la hacienda. Ya os imagino: una mujer prepotente y presumida, que creés que con vuestra figura latina de chamaca morena y con vuestros bailes de flamenco podés conquistar a todos los hombres como si fuesen toreros. ¡Pues con los argentinos os vas a fastidiar!. Nosotros aún sabemos reconocer a una mujer que seguramente no sea más que una mezquina consumida de meterse coca o Dios sabe qué droga peor.
Pues menos mal que no querés venir acá. ¿Sabés lo que os digo?. Que por mí podés iros al Infierno. Y para que te fastidies, voy a comprar una cabra para la hacienda y la voy a llamar como vos, Bárbara, y voy a gastar parte de mi fortuna en rodar una serie de televisión que se llame "La cabra Bárbara" y voy a distribuirla en España para que tus amigos vean lo mezquina y lo rastrera que sos.
¡No quiero saber más de vos!. ¿Cómo te atrevés a decir que no te gusta la vida en la hacienda?. ¡Marcháte al Diablo!.
Tu EX-amigo,
Pedro Güiraldes Costa e Silva.
PD: Fastidiáte. Por no querer venir acá no vas a conocer a mis chamacos ni vas a aprender cómo se capa un borrico con las propias manos.
NOTA: Tras recibir este email, Bárbara contestó en tono de burla, aunque sin percatarse aún de que todo era una broma mía. En su respuesta envió una foto de una llama andina, al tiempo que pedía a Pedro que se calmase y que estaría dispuesta a darle una "educación europea" a sus hijos.
Respuesta:
Hola, Bárbara.
Ante todo me gustaría pediros disculpas por la forma en que acabé mi mensaje la otra vez. Fui un maleducado y un rastrero; espero que podás perdonarme. Deseo que vos podás comprender que he tenido muchas malas experiencias con mujeres y he desarrollado un leve rencor hacia el sexo femenino y me dejo llevar por mi leve mal genio y acabo estropeándolo todo. Pero luego me digo "Pedro, vos estás arrepentido" y me acuerdo del bolero (ya sabés, aquél de "diosas son las mujeres") y me calmo por completo.
No es que yo desee justificar mis enfados, espero que podás entenderlo, pero sí deseo que vos sepás de paso algo más de mí. Os puedo platicar que yo era muy feliz con mi esposa y lo fui durante muchos años. Pero un día oscuro y maldito voy y descubro por accidente que esa perra me era infiel, y nada menos que con otras mujeres. ¿Os lo podés creer?. Al principio yo tampoco, pero podés jurar que cuando vi a esa zorra yaciendo en nuestra propia cama con rameras de la ciudad me enfadé mucho. Una semana después mi esposa murió trágicamente en un accidente de equitación. Ya podés estar tranquila, que se demostró que fue accidental que mi disparo de escopeta encabritara la yegua que paseaba mi esposa por la hacienda.
Me gustaría darte las gracias por la bellísima postal que me has mandado. Sin duda os juzgue mal, porque veo que conocés algo de Argentina. Lo habés demostrado al mandarme una llama, porque mucha gente inculta piensa en las llamas y le viene en mente Perú, pero acá en la Pampa, sobre todo en el norte, también tenemos llamas y de ellas sacamos lana.
Lo de la educación europea para mis chamaquitos me parece interesante. A lo mejor os puedo enviar un pasaje de avión para que podás venir acá dentro de unos meses a conocernos mejor y ver si podés formar conmigo una pareja estable como vos querías. Seguro que a ellos les viene bien recibir educación de una mamá europea, porque parece que Europa seguirá siendo muy importante en el mundo. Aunque claro que acá se estudia Europa en el colegio y se ven las Cruzadas, la Peste Negra, la Inquisición y las Guerras Mundiales. ¿Esa es la Europa que vos vás a traer acá?. Espero que no, porque entonces será mejor que no vengás. No creás que acá los indios no han olvidado cómo los cerdos europeos les vendieron mantas con viruela para exterminarlos. ¿Es ése el objetivo que tenés en mente?, ¿hundir mi negocio en la hacienda contagiándonos la viruela o algo peor?. ¡Seguro que vos trabajás realmente para mis competidores!. A lo mejor te creés que no me iba a dar cuenta, cerda, mala pécora. ¡Una mierda de llama vas a venir tú acá!. Ya veo que a lo mejor no sos más que una borracha inflada de coca, de ésas que por un trago de ron son capaces de dejar que hagan con ellas experimentos médicos. O a lo mejor pretendés venir a la hacienda y envenenar el suministro de agua y matarnos a mí y a mis chamaquitos. Quiero que sepás que eso es cosa típica de europeos como vos, que siempre han sido unos bárbaros, como vuestro nombre Bárbara, pero Bárbara de ignorante, inculta y rastrera.
Si volvés a escribirme os denunciaré en la policía de la capital,
Pedro Güiraldes Costa e Silva.